sábado, 14 de agosto de 2010

San Maximiliano Kolbe, Mártir de la Caridad y Patrono de los comunicadores católicos



Maximiliano Kolbe es uno de los mártires modernos ya que murió en la Segunda Guerra Mundial luego de haber sido llevado por los nazis al terrorífico campo de concentración de Auschwitz.

Su familia, polaca, era inmensamente devota de la Santísima Virgen y cada año llevaba a los hijos en peregrinación al Santuario Nacional de la Virgen de Chestokowa. El hijo heredó de sus padres un gran cariño por la Madre de Dios.

Cuando era pequeño tuvo un sueño en el cual la Virgen María le ofrecía dos coronas si era fiel a la devoción mariana: una corona blanca y otra roja. La blanca era la virtud de la pureza y la roja, el martirio. Kolbe, tuvo la dicha de recibir ambas coronas.

Un domingo en un sermón oyó decir al predicador que los Padres Franciscanos iban a abrir un seminario, noticia que lo llenó de agradó y motivó a sumarse con su hermano, siendo aceptado en 1910. Cinco años después obtuvo en la Universidad de Roma el doctorado en filosofía y en 1919 el doctorado en teología. Había sido ordenado sacerdote en 1918.

Maximiliano gastó su vida en tratar de hacer amar y venerar a la Virgen. En 1927 fundó en Polonia la Ciudad de la Inmaculada, una gran organización, que tuvo mucho éxito y una admirable expansión. Luego funda en Japón otra institución semejante, con éxito admirable.

El padre Maximiliano fundó dos periódicos. Uno titulado "El Caballero de la Inmaculada", y otro "El Pequeño diario". Organizó una imprenta en la ciudad de la Inmaculada en Polonia y habiéndose traslado Japón fundó una revista católica que pronto llegó a tener 15.000 ejemplares. Un verdadero milagro en ese país donde los católicos casi no existían. La ciudad de Nagasaki, donde él tenía su imprenta, fue destruida por una bomba atómica durante la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo a su imprenta no le sucedió nada malo.

Los nazis al invadir Polonia bombardearon la ciudad de la Inmaculada y se llevaron prisionero al padre Maximiliano junto a sus colaboradores. El ya había fundado una radiodifusora y estaba dirigiendo la revista "El caballero de la Inmaculada", con gran éxito y notable difusión. Todo se lo destruyó la guerra, pero su martirio le consiguió un puesto glorioso en el cielo.

Un día se fugó un preso y la ley de los alemanes era que por cada uno que se fugara del campo de concentración tenían que morir diez de sus compañeros. Hicieron el sorteo 1-2-3-4...9...10 y al que le iba correspondiendo el número 10 era puesto aparte para echarlo a un sótano a morirse de hambre. De pronto al oírse un 10, el hombre a quien le correspondió ese número dio un grito y exclamó: "Dios mío, yo tengo esposa e hijos. ¿Quién los va a cuidar?".

En ese momento el padre Kolbe dice al oficial: "Yo me ofrezco para reemplazar al compañero que ha sido señalado para morir de hambre".

El oficial le responde: ¿Y por qué?

- Es que él tiene esposa e hijos que lo necesitan. En cambio yo soy soltero, solo y nadie me necesita.

El oficial duda un momento y enseguida responde: Aceptado.

Y el prisionero Kolbe es llevado con sus otros 9 compañeros a morirse de hambre en un subterráneo. Aquellos tenebrosos días son de angustias y agonías continuas. El santo sacerdote anima a los demás y reza con ellos. Poco a poco van muriendo los demás. Y al final después de bastantes días, solamente queda él con vida. Como los guardias necesitan ese local para otros presos que están llegando, le ponen una inyección de cianuro y lo matan. Era el 14 de agosto de 1941.


Cuando el Santo Padre Pablo VI lo declaró beato, a esa gran fiesta asistió, el hombre por el cual él había ofrecido el sacrificio de su propia vida. Juan Pablo II, su paisano, lo declaró santo ante una multitud inmensa de polacos. En este gran santo sí se cumple lo que dijo Jesús: "Si el grano de trigo cae en tierra y muere, produce mucho fruto. Nadie tiene mayor amor que el que ofrece la vida por sus amigos".

SU MISION:

Maximiliano habiendo sido muy devoto de la Inmaculada Concepción pensaba que la Iglesia tenía que ser militante en su colaboración con la Gracia Divina para el avance de la fe católica. Es por eso que movido por su devoción, funda en el año 1917 un movimiento llamado "La Milicia de la Inmaculada", el cual se consagraría a la Virgen María y lucharía con todos los medios moralmente válidos, por la construcción del Reino de Dios en todo el mundo. En palabras del propio San Maximiliano, el movimiento tendría: "una visión global de la vida católica bajo una nueva forma, que consiste en la unión con la Inmaculada."

Inició la publicación de una revista mensual llamada "Caballero de la Inmaculada", ésta era orientada a promover el conocimiento, el amor y el servicio a la Virgen María. Comenzó con un tiraje de sólo 500 ejemplares en 1922 y para el año 1939 alcanzaría cerca de un millón de ejemplares publicados.

La primera "Ciudad de la Inmaculada" se funda en el año 1929 en el convento franciscano situado en Niepokalanów a 40 kilómetros de Varsovia, que luego de algunos años se convertiría en una ciudad consagrada a la Virgen y, en palabras de San Maximiliano, dedicada a "conquistar todo el mundo, todas las almas, para Cristo, para la Inmaculada, usando todos los medios lícitos, todos los descubrimientos tecnológicos, especialmente en el ámbito de las comunicaciones."


EL LEGADO:

De esta manera San Maximiliano María Kolbe da testimonio y ejemplo de dignidad, en medio de la más terrible adversidad. Además, el uso que hizo de los medios de comunicación a su alcance, lo convierte en Patrono de los comunicadores católicos.

En el año 1973 el Papa Paulo VI beatifica a San Maximiliano y en 1982 Juan Pablo II en el día que lo canoniza como Mártir de la Caridad comenta la influencia que tuvo San Maximiliano en su vocación sacerdotal diciendo que “surge aquí otra singular e importante dimensión de mi vocación. Los años de la ocupación alemana en Occidente y de la soviética en Oriente supusieron un enorme número de detenciones y deportaciones de sacerdotes polacos hacia los campos de concentración. Sólo en Dachau fueron internados casi tres mil. Hubo otros campos, como por ejemplo el de Auschwitz, donde ofreció la vida por Cristo el primer sacerdote canonizado después de la guerra, San Maximiliano María Kolbe, el franciscano de Niepokalanów.”

En este día, vaya mi saludo y oración hacia todos los comunicadores católicos y hago votos para que el Señor nos fortalezca para que a ejemplo de Cristo y Maximiliano Kolbe, llevemos una vida de entrega y servicio al prójimo, haciéndonos fieles a nuestra vocación comunicadora.
Fuentes: www.iesvs.org - ACI PRENSA

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