
Mientras la sociedad se abate por los cotidianos enfrentamientos entre los sectores dirigenciales, especialmente políticos y empresarios poderosos, hay un ejército de personas esperando que alguien los ayude a paliar y si fuera posible, salir de críticas situaciones. Tal vez, alguno de ellos esté muy cerca de ti. Desde este sitio queremos invitarte a un compromiso que seguramente plenificará tu vida.
“Estamos como estamos por culpa del gobierno”. “Ya es hora de que hagan algo por resolver tantos problemas sociales”. Aunque frases como éstas las escuchamos todos los días bien podríamos preguntarnos porque sólo el gobierno o las instituciones deberían preocuparse por los problemas sociales.
Imaginemos que existe un sistema de altavoces que se utiliza para hacer llamados o avisos urgentes a la comunidad. Los altavoces están instalados por toda la ciudad y de repente se escucha que te llaman por tu nombre: “Se solicita la presencia del ciudadano Luís Pérez para apoyar a la familia X que ha quedado en extrema necesidad. El Sr. X ha contraído una enfermedad complicada y la esposa de X se ha quedado sin trabajo con tres hijos qué mantener. Ciudadano Luís Pérez, favor de comunicarse al teléfono… Atentamente: Comité Ciudadano de Responsabilidad Social”.
Seguramente amable lector se está preguntando porque usted, Luís Pérez, o quien quiera que sea, tiene que responder a ese llamado de ayuda urgente. O puede estar pensando que para eso está el gobierno o la familia de la Sra. X (si es que la tiene). Sin embargo, si meditamos un poco, a nadie debería sorprender el hecho que se le pida ayuda para tal o cual necesidad del vecino, del conocido o del perfecto desconocido: formamos parte de la sociedad y por tanto tenemos una responsabilidad social.
Tal vez el término “responsabilidad social” lo hayamos escuchado aplicado a las empresas. Hoy en día las corporaciones se certifican en ese rubro si cumplen con criterios como el trato justo a los empleados, vínculos con la comunidad, cuidado al medio ambiente. Sin embargo, cada uno, como ciudadano, también debería ser “socialmente responsable”. Incluso, hasta sería interesante proponer que exista una certificación que se pudiera obtener de manera individual, luego de una formación personal en este sentido.
Es tiempo de darnos cuenta que tenemos un compromiso con la sociedad de colaborar con el bienestar de todos y de asumir las consecuencias de lo que hacemos o de lo que dejamos de hacer en el contexto social.
Muchos son los problemas que aquejan hoy a nuestra sociedad y de los cuales vivimos quejándonos. Violencia, corrupción en todos los contextos, pobreza, rebeldía y apatía de los jóvenes, rompimiento de familias, leyes inhumanas o injustas... Y, sin que suene alarmista, van en aumento.
Quizá muchos son ajenos a nuestra situación, pero tarde o temprano nos llegan a afectar. Por ejemplo: en un primer momento sólo escuchamos y vemos por televisión que los jóvenes se drogan y que el problema va creciendo. Luego nos enteramos de que el hijo de un conocido tiene ese problema. Pasado un tiempo es el hijo de un hermano, y un poco después, nuestro hijo nos cuenta sin gran sorpresa que su mejor amigo le ofreció una pastilla o algo para fumar. Vemos muy lejanos los problemas pero no nos damos cuenta de que en un abrir y cerrar de ojos, los podemos tener en casa.
Ante estas problemáticas la actitud más común es exigirle, especialmente al gobierno de turno, o las empresas e instituciones que cumplan con su deber de procurar el bien común. Y hasta es probable que de alguna manera, lo estén haciendo, mejor o peor, pero que algo estén haciendo. Sabemos que desde el Estado, con aciertos y errores, se crean programas de ayuda social, vivienda, empleos, salud y educación, entre otros.
Las grandes empresas, como ya decíamos, se certifican como “socialmente responsables” mientras que las asociaciones civiles y religiosas ayudan por lo general a cubrir parte de las inmensas necesidades sociales. Unos más, otros menos, intentan colaborar con el bien común. ¿Y nosotros, ciudadanos? ¿Qué hacemos? Exigimos mucho, pero a la hora en que se nos llama a participar, muy pocos responden al llamado.
No caigamos en el conformismo de pensar que con sacar adelante la familia y tratar de educar a los hijos para que sean hombres y mujeres de bien, basta y sobra. Aunque cueste convencernos, en estos tiempos, la situación y necesidades de la sociedad nos exigen mucho más.
Es hora de que los ciudadanos despertemos y nos decidamos a actuar asumiendo la responsabilidad que nos toca y comenzar a participar, debido a que tenemos un deber por cumplir con la sociedad. Dejar de hacerlo, podría ser hasta una falta moral que al fin de cuentas nos afectará a cada uno y a nuestras familias.
Tenemos una contribución muy importante qué hacer para el bien común y ese aporte es único y particular: Pensemos que todo aquello que uno puede hacer nadie más lo puede hacer y eso marcar la diferencia. Participar en la vida social, cultural y política es un deber que debemos ejercer responsablemente para alcanzar el bien común.
Tomemos conciencia de este deber tan importante y actuemos en consecuencia. La sociedad sana, justa y más humana que anhelamos dejar a nuestros hijos y las generaciones venideras depende de nuestra actuación en el presente. Hagamos sentir orgullosos de nosotros a nuestros hijos y nietos, seamos “ciudadanos socialmente responsables”.
“Estamos como estamos por culpa del gobierno”. “Ya es hora de que hagan algo por resolver tantos problemas sociales”. Aunque frases como éstas las escuchamos todos los días bien podríamos preguntarnos porque sólo el gobierno o las instituciones deberían preocuparse por los problemas sociales.
Imaginemos que existe un sistema de altavoces que se utiliza para hacer llamados o avisos urgentes a la comunidad. Los altavoces están instalados por toda la ciudad y de repente se escucha que te llaman por tu nombre: “Se solicita la presencia del ciudadano Luís Pérez para apoyar a la familia X que ha quedado en extrema necesidad. El Sr. X ha contraído una enfermedad complicada y la esposa de X se ha quedado sin trabajo con tres hijos qué mantener. Ciudadano Luís Pérez, favor de comunicarse al teléfono… Atentamente: Comité Ciudadano de Responsabilidad Social”.
Seguramente amable lector se está preguntando porque usted, Luís Pérez, o quien quiera que sea, tiene que responder a ese llamado de ayuda urgente. O puede estar pensando que para eso está el gobierno o la familia de la Sra. X (si es que la tiene). Sin embargo, si meditamos un poco, a nadie debería sorprender el hecho que se le pida ayuda para tal o cual necesidad del vecino, del conocido o del perfecto desconocido: formamos parte de la sociedad y por tanto tenemos una responsabilidad social.
Tal vez el término “responsabilidad social” lo hayamos escuchado aplicado a las empresas. Hoy en día las corporaciones se certifican en ese rubro si cumplen con criterios como el trato justo a los empleados, vínculos con la comunidad, cuidado al medio ambiente. Sin embargo, cada uno, como ciudadano, también debería ser “socialmente responsable”. Incluso, hasta sería interesante proponer que exista una certificación que se pudiera obtener de manera individual, luego de una formación personal en este sentido.
Es tiempo de darnos cuenta que tenemos un compromiso con la sociedad de colaborar con el bienestar de todos y de asumir las consecuencias de lo que hacemos o de lo que dejamos de hacer en el contexto social.
Muchos son los problemas que aquejan hoy a nuestra sociedad y de los cuales vivimos quejándonos. Violencia, corrupción en todos los contextos, pobreza, rebeldía y apatía de los jóvenes, rompimiento de familias, leyes inhumanas o injustas... Y, sin que suene alarmista, van en aumento.
Quizá muchos son ajenos a nuestra situación, pero tarde o temprano nos llegan a afectar. Por ejemplo: en un primer momento sólo escuchamos y vemos por televisión que los jóvenes se drogan y que el problema va creciendo. Luego nos enteramos de que el hijo de un conocido tiene ese problema. Pasado un tiempo es el hijo de un hermano, y un poco después, nuestro hijo nos cuenta sin gran sorpresa que su mejor amigo le ofreció una pastilla o algo para fumar. Vemos muy lejanos los problemas pero no nos damos cuenta de que en un abrir y cerrar de ojos, los podemos tener en casa.
Ante estas problemáticas la actitud más común es exigirle, especialmente al gobierno de turno, o las empresas e instituciones que cumplan con su deber de procurar el bien común. Y hasta es probable que de alguna manera, lo estén haciendo, mejor o peor, pero que algo estén haciendo. Sabemos que desde el Estado, con aciertos y errores, se crean programas de ayuda social, vivienda, empleos, salud y educación, entre otros.
Las grandes empresas, como ya decíamos, se certifican como “socialmente responsables” mientras que las asociaciones civiles y religiosas ayudan por lo general a cubrir parte de las inmensas necesidades sociales. Unos más, otros menos, intentan colaborar con el bien común. ¿Y nosotros, ciudadanos? ¿Qué hacemos? Exigimos mucho, pero a la hora en que se nos llama a participar, muy pocos responden al llamado.
No caigamos en el conformismo de pensar que con sacar adelante la familia y tratar de educar a los hijos para que sean hombres y mujeres de bien, basta y sobra. Aunque cueste convencernos, en estos tiempos, la situación y necesidades de la sociedad nos exigen mucho más.
Es hora de que los ciudadanos despertemos y nos decidamos a actuar asumiendo la responsabilidad que nos toca y comenzar a participar, debido a que tenemos un deber por cumplir con la sociedad. Dejar de hacerlo, podría ser hasta una falta moral que al fin de cuentas nos afectará a cada uno y a nuestras familias.
Tenemos una contribución muy importante qué hacer para el bien común y ese aporte es único y particular: Pensemos que todo aquello que uno puede hacer nadie más lo puede hacer y eso marcar la diferencia. Participar en la vida social, cultural y política es un deber que debemos ejercer responsablemente para alcanzar el bien común.
Tomemos conciencia de este deber tan importante y actuemos en consecuencia. La sociedad sana, justa y más humana que anhelamos dejar a nuestros hijos y las generaciones venideras depende de nuestra actuación en el presente. Hagamos sentir orgullosos de nosotros a nuestros hijos y nietos, seamos “ciudadanos socialmente responsables”.
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